En la actualidad, leer un texto en una pantalla se ha convertido en algo habitual. Hemos experimentando un cambio de paradigmas: de la impresión en papel a la pantalla de la computadora (o parafraseando a Nicholas Negroponte ‘de los átomos a los bits’). Esta transición afecta la manera en que leemos y comprendemos un texto. Los medios digitales tienen un ritmo rápido y dinámico; los usuarios al navegar por internet pasan de una página a otra en segundos. Podríamos informalmente decir que la mayoría de ellos realiza un barrido de los textos. Si bien a partir de esto podría entenderse que la lectura es más veloz, estudios realizados por terceros sugieren que la misma es aproximadamente un 30% más lenta con respecto a la lectura en papel, y que la comprensión del texto se reduce en un 50%.
El diseño digital posee problemas que son propios del medio, y específicamente el diseño para la web, en el cual es muy complicado (o casi imposible) controlar el entorno en el cual se mueven los usuarios: diferentes plataformas, navegadores y hardware. La tipografía, por ser un elemento esencial en el diseño de un medio de lectura, presenta nuevas problemáticas. A pesar de que se pueden utilizar reglas provenientes del medio impreso, hay una cierta cantidad de características peculiares que exigen una definición de reglas específicas. Hasta el momento, la mayoría de las mismas provienen de un sistema de ensayo/error.